Que fue concebido por obra
y gracia del Espíritu Santo
Fra Angelico envuelve a sus figuras
en un ambiente lleno de paz y belleza:
es el momento en que el Verbo se hace
carne. Deja una discreta distancia
entre la Virgen y Gabriel, que parece
indicar una pausa entre la invitación
de Dios y la respuesta de la Virgen. El
arcángel saluda a María inclinando
su cuerpo respetuosamente. Ambos
tienen las manos cruzadas sobre el
pecho, cuyo sentido preciso es el de
aceptación. El libro abierto es una alusión a la profecía de Isaías: La doncella
está encinta y dará a luz un hijo, y le
pondrá por nombre Emmanuel.
Las manos de Dios Padre que envían el Espíritu a María son las mismas que crearon a Adán y que presiden la escena del Paraíso. El paralelismo Eva-María es uno de los más tempranos y ricos de la mariología; entre la caída y la Redención existe también otro paralelismo: entre Adán y Cristo. El Paraíso no es guardado por un ángel que blandea una espada, sino por un emisario casi dolorido que conduce a Adán y Eva fuera del Paraíso. Dios no maldice a Adán y Eva; la expulsión es una increpación en la que se abre un horizonte a la salvación, una llamada a la conversión.
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Retablo de la Anunciación, de Fra Angelico
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Las manos de Dios Padre que envían el Espíritu a María son las mismas que crearon a Adán y que presiden la escena del Paraíso. El paralelismo Eva-María es uno de los más tempranos y ricos de la mariología; entre la caída y la Redención existe también otro paralelismo: entre Adán y Cristo. El Paraíso no es guardado por un ángel que blandea una espada, sino por un emisario casi dolorido que conduce a Adán y Eva fuera del Paraíso. Dios no maldice a Adán y Eva; la expulsión es una increpación en la que se abre un horizonte a la salvación, una llamada a la conversión.
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