viernes 20 de noviembre de 2009

Padrenuestro

El “padrenuestro” es la “madre” de todas las oraciones.
Es la oración de Jesús. Para entrar en “comunión” con El.
Formaba parte de las realidades “secretas” de los primeros cristianos.
Una pena trivializarlo, decirlo “de carrerilla”.

Padre nuestro que estás en el cielo. Hoy la figura del padre está un poco en crisis (bondad y autoridad). Es una afirmación fundamental.

Santificado sea tu nombre. Que no sea deshonrado su nombre por culpa nuestra. Dice el profeta:
“Sabrán los paganos que yo soy el Señor cuando se muestre mi santidad en vosotros” (Ez 36,22).
Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad
. Pensar en todo lo que de bello, santo, magnífico, ha pensado y querido Dios para nosotros, en ese amor que Jesús vino a traer a la tierra... “el reino de Dios está dentro de vosotros” (Lc 17, 20). Crece al crecer los que creen el Cristo... y completan en su carne lo que falta a la pasión y resurrección de Cristo. El Reino de Cristo en otros continentes (Asia) y en nosotros esos “continentes” interiores de nuestra inteligencia, nuestra voluntad, nuestros sentimientos, nuestras relaciones, nuestros gustos...
“Que el pecado no siga reinando en nuestro cuerpo” (Rom 6, 12).

Danos hoy nuestro pan de cada día. No “dame” sino “danos”.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos...
San Agustín dice: “su perdón no se obtiene sólo con el bautismo, sino también con el rezo diario del padrenuestro. Es incompatible rezar el padrenuestro y tener resentimientos o pequeños rencores.

No nos dejes caer en la tentación... no pedimos no tener dificultades, sino fuerza para superarlas.

Líbranos del mal... el mal puede ser de dos tipos: el que recibimos y el que hacemos. El peor es el segundo (Vaticano: las torturas han hecho más daño a EEUU que el 11 S). Líbranos de hacer el mal.

lunes 16 de noviembre de 2009

Están en las manos de Dios

Texto de Benedicto XVI sobre los difuntos (5.11.09):



"Las almas de los justos están en las manos de Dios” (Sb 3,1).

La lectura, tomada del libro de la Sabiduría, habla de justos perseguidos, condenados injustamente a muerte. Pero aunque si su puerte – subraya el Autor sagrado – sucede en circunstancias humillantes y dolorosas tales que parecen una desgracia, en verdad para quienes tienen fe no es así: “ellos están en la paz” y, aun si sufrieron castigos a los ojos de los hombres, “su esperanza está llena de inmortalidad" (vv. 3-4). Es doloroso el alejamiento de los seres queridos, el acontecimiento de la muerte es un enigma lleno de inquietud, pero, para los creyentes, venga como venga, está siempre iluminado por la “esperanza de la inmortalidad”. La fe nos sostiene en estos momentos humanamente llenos de tristeza y de malestar: “A tus hijos la vida no ha sido quitada, sino transformada – recuerda la liturgia –; y mientras se destruye la morada de este exilio terreno, se prepara una morada en el Cielo” (Prefacio de difuntos).

Queridos hermanos y hermanas, sabemos bien y lo experimentamos en nuestro camino, que no faltan dificultades y problemas en esta vida, hay situaciones de sufrimiento y dolor, momentos difíciles que comprender y aceptar. Todo esto sin embargo adquiere valor y significado si se considera en la perspectiva de la eternidad. Cada prueba, de hecho, acogida con paciencia perseverante y ofrecida por el Reino de Dios, viene en nuestra ayuda espiritual ya aquí abajo, y sobre todo en la vida futura, en el Cielo. En este mundo estamos de paso, purificados en el crisol como el oro, afirma la Sagrada Escritura (cfr Sb 3,6). Misteriosamente asociados a la pasión de Cristo, podemos hacer de nuestra existencia una ofrenda agradable al Señor, un sacrificio voluntario de amor.

viernes 13 de noviembre de 2009

La misión del sacerdote

El sacerdote, "hombre para los demás"

jueves 12 de noviembre de 2009

Mirar a Jesús

"Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis" (Lc 17,22)


REFLEXIÓN: Los primeros cristianos fueron muy afortunados al ver la cara de Jesús, oír el timbre de su voz y contemplar sus gestos. A nosotros nos toca andar en la fe. Pero el camino para entrar en las cosas divinas, dirá Santa Teresa, sigue siendo la Humanidad santísima del Señor, contemplar su vida, especialmente su Pasión (Moradas sextas). Y aconsejaba:
"Yo sólo podía pensar en Cristo como hombre. Mas es así que jamás le pude representar en mí -por más que leía su hermosura y veía imágenes-, sino como quien está ciego o a oscuras, que, aunque habla con una persona y ve que está con ella (porque sabe cierto que está allí, digo que entiende y cree que está allí), mas no la ve. De esta manera me acaecía a mí cuando pensaba en nuestro Señor; a esta causa era amiga de imágenes. ¡Desventurados de los que por su culpa pierden este bien! Bien parece que no aman al Señor, porque si le amaran, holgáranse de ver su retrato, como acá aún da contento ver el de quien se quiere bien" (Vida, IX).
Bueno será tener alguna imagen Suya, bueno será también conocer su vida, y bueno será darme cuenta de que aquel Jesús que vivió en la historia de los hombres se halla ahora en la Eucaristía, y aquí, sin los límites de tiempo y de espacio, puedo entrar en relación con el Cristo histórico, el mismo Cristo glorioso que vive actualmente en la eternidad.

RESPUESTA Y COMPROMISO: Procuraré leer un buen libro sobre la vida de Cristo para conocerle más y mejor.

CUESTIONARIO: ¿Relaciono las palabras del Evangelio y el personaje que allí habla y actúa con la Eucaristía? ¿Deseo ver el rostro del Señor? ¿Comprendo que la vida es muy corta cuando se vive como un noviazgo -quizá de ochenta años- de preparación para el encuentro con el Esposo?

sábado 7 de noviembre de 2009

Generosidad

"Pero al llegar una viuda pobre, echó dos monedas que hacen un cuarto. Llamando a sus discípulos les dijo: Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca más que todos los otros. Pues todos echaron de lo que les sobra, pero ella, en su pobreza, ha echado todo lo que poseía para su sustento»" (Mc 12, 42-44)


Dice san Ireneo en este punto que «los antiguos hombres debían consagrarle a Dios los diezmos de sus bienes; pero nosotros, que ya hemos alcanzado la libertad, ponemos al servicio del Señor la totalidad de nuestros bienes, dándolos con libertad y alegría aun los de más valor, pues lo que esperamos vale más que todos ellos; echamos en el cepillo de Dios todo nuestro sustento, imitando así el desprendimiento de aquella viuda pobre del Evangelio» (Contra las herejías).
Ante la generosidad de Dios que nos ha enviado a su Hijo amado, ante Jesús que se entregó del todo por cada uno -por mí- y se ha quedado en la Eucaristía, no cabe otra moneda que la generosidad: no dar los restos, lo que sobra, sino echar el resto, hasta el final. Todo lo nuestro ha de ser de Dios, también los bienes que tenemos: todo ha de estar de una manera u otra a su servicio.
El Señor sale a nuestro encuentro cada día pidiendo, facilitando nuestra entrega, para cambiarla en santidad y en vida eterna. Puestos en presencia de Dios entendemos que no tiene sentido el cálculo egoísta, que deja posos de tristeza. Quien es generoso comprende bien que quien da, recibe. No es el premio, sino el amor lo que lleva a dar, como el niño pequeño a quien su madre le pide algo, le da todo lo que lleva en el bolsillo. A fin de cuentas son naderías, pero si es todo lo que tiene, vale mucho.
¿Qué es lo que me pide Dios ahora? ¿Qué me costaría darle? Diré con san Ignacio:

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, todo mi haber y poseer; Vos me lo disteis, Señor, a Vos lo torno. Todo es vuestro, disponed de mí según vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que esto me basta.

martes 3 de noviembre de 2009

9 ideas para orar con los Salmos

Esta es mi última publicación, dentro de la colección de "9 Ideas" que edita GESEDI:



En esta ocasión ha sido Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos, quien ha tenido la delicadeza de escribir la Presentación:

“Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los salmos acerca de mi”
(Lc 24, 44)




Una tarea prioritaria del cristiano es conocer a Jesucristo. El cardenal Ratzinger plantea en "El camino pascual" esta sugerente tesis: puesto que la oración es el centro de la persona de Jesús, el presupuesto para conocer y comprender a Jesús es la participación en su plegaria. Por otro lado, podemos afirmar con los Padres de la Iglesia que todos los salmos tienen un sentido cristológico. Es más, sabemos que Jesucristo oró con los salmos; de ahí la gran importancia que tienen para la Iglesia.

El Evangelio nos muestra con frecuencia a Jesús orando. Se nos abre aquí una perspectiva apasionante ¿cómo era su oración? Y en tanto que era hombre, Jesucristo se nos presenta también de un modo fascinante: ¿cómo era interiormente? ¿cuáles eran sus sentimientos? ¿qué deseaba? ¿qué pedía al Padre? Los salmos -que Jesús recitó, meditó y aprendió de memoria- tienen mucho que decirnos en todos estos aspectos.

El Catecismo de la Iglesia nos recuerda que “los salmos, usados por Cristo en su oración y que en él encuentran su cumplimiento, continúan siendo esenciales en la oración de su Iglesia” (n. 2586). Y añade: «El Salterio es el libro en el que la Palabra de Dios se convierte en oración del hombre. En los demás libros del Antiguo Testamento "las palabras proclaman las obras" (de Dios por los hombres) "y explican su misterio" (Dei Verbum, 2). En el salterio, las palabras del salmista expresan, cantándolas para Dios, sus obras de salvación. El mismo Espíritu inspira la obra de Dios y la respuesta del hombre. Cristo unirá ambas. En El, los salmos no cesan de enseñarnos a orar» (n. 2587).

Ya desde los orígenes de la Iglesia los salmos sirvieron admirablemente para fomentar la piedad de los fieles, que ofrecían continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el tributo de los labios que van bendiciendo su nombre, y que, por una antigua tradición, alcanzaron un lugar importante en la Sagrada Liturgia. Los salmos, según el dicho de San Atanasio, nos enseñan “cómo hay que alabar a Dios y cuáles son las palabras más adecuadas” para ensalzarlo. Con relación a este tema, dice bellamente San Agustín: “Para que el hombre alabara dignamente a Dios, Dios se alabó a sí mismo; y, por eso, el hombre halló el modo de alabarlo”.

El Papa Benedicto XVI, en su último viaje a Francia, ha recordado la importancia de los salmos en la vida cristiana: “la Palabra de Dios nos introduce en el coloquio con Dios. El Dios que habla en la Biblia nos enseña cómo podemos hablar con Él. Especialmente en el Libro de los Salmos nos ofrece las palabras con que podemos dirigirnos a Él, presentarle nuestra vida con sus altibajos en coloquio ante Él, transformando así la misma vida en un movimiento hacia Él” (París, 12.9. 2008). Por todo ello, podemos afirmar que los salmos sirven para poner en nuestro corazón los sentimientos y en nuestra boca las palabras del mismo Jesucristo, con quien queremos identificarnos.

El presente librito de Vicente Huerta nos ayudará a recorrer este camino oracional.

+Francisco Gil Hellín
Arzobispo de Burgos

domingo 1 de noviembre de 2009

Muerte y resurrección

Palabras de Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos:


Decía Unamuno que prefería el infierno a la nada. Era el grito de quien se rebelaba contra el intento materialista de que todo termine con la muerte. Unamuno no era la primera voz ni la más autorizada que se alzaba en el universo del pensamiento. Al contrario, él recogía, aunque fuese en forma dramática, lo que ha sido y es el mayor de los anhelos de la humanidad: no morir, ser inmortal, permanecer siempre, formar una inmensa galaxia humana en la que los hombres y las mujeres de todos los tiempos sigan existiendo y relacionándose sin las gangas que acompañan nuestro paso por la tierra.

Esto es lo que Cristo nos promete cuando nos dice: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, el que cree en Mí, vivirá para siempre». Él pasó por la experiencia de la muerte. Murió verdaderamente. Pero resucitó, convirtiéndose en vencedor de la muerte y en el soberano de la Vida. Más aún, haciéndose primicia de la nueva humanidad que él mismo instauraba. De modo que cuantos creemos en Él, tenemos la certeza de que participaremos no sólo de la experiencia universal de la muerte, sino también de la gloria de su resurrección.

Este sentimiento ha sido siempre tan fuerte en el Cristianismo, que los primeros seguidores de Jesucristo borraron de su vocabulario los términos “muerte” y “necrópolis” y los sustituyeron por los de “dormición” y “cementerio”. Para ellos, cuando un cristiano cierra los ojos a este mundo, los cierra de modo temporal, hasta el momento de la resurrección. El cristiano no muere, se duerme. Por eso, el lugar donde le sepultaban no se llamaba necrópolis, “ciudad de muertos”, sino “dormitorio”, que eso es lo que significa cementerio.

Dios, que conoce el corazón humano, sabe muy bien que, a pesar de esto, sufrimos cuando nos separamos de los seres queridos: los padres, los esposos, los hijos, los amigos. Toda partida es siempre una despedida y todas las despedidas son dolorosas. A veces, tan dolorosas que humanamente son insoportables. No obstante, queda en pie lo dicho: los que han cerrado los ojos a este mundo, no han muerto. Se han ido antes. Nos han dejado un vacío profundo y doloroso, pero, al mismo tiempo, la certeza segura de que un día, cuando nosotros partamos, nos reencontraremos.

¡Qué gratificante y consolador pensar que nuestros seres queridos se han despedido de nosotros con un esperanzador “hasta luego”! Y que, aunque no estén a nuestro lado de forma física, ellos viven su propia identidad en la presencia de Dios e interceden por nosotros. Por esto, y por tantas cosas más, es tan maravillosa la fe cristiana. Nada de lo que hay en el corazón humano deja Dios sin satisfacerlo.

viernes 30 de octubre de 2009

Sal y Luz Televisión

Uno de los frutos de la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Toronto en 2002 fue la creación de un nuevo canal televisivo católico en Canadá: "Salt and Light Television" (Sal y Luz Televisión). Fue posible gracias a la generosidad de una familia italo-canadiense, propietaria de la más grande compañía editorial y de publicaciones del país, St. Joseph Communications. El padre Thomas Rosica, religioso basiliano, es su presidente ejecutivo y fundador. Desde que se creó hasta nuestros días no ha dejado de crecer en audiencia, calidad y suscriptores.

Salt + Light Television Promo Video 2009