miércoles, 2 de julio de 2008

El Señor es mi pastor

Salmo 22 (23)

Este es uno de los salmos más utilizados en la oración por la Iglesia. Cristo se nos presenta como el Buen Pastor enviado a conducir a todo el rebaño de los fieles y como huésped acogedor para todos los que somos peregrinos hacia la tierra prometida.



1 El Señor es mi pastor, nada me falta:
2 En verdes praderas me hace reposar;
Hacia las aguas tranquilas me conduce,
3 y reconforta mi alma;
me guía por sendas rectas,
por honor de su nombre.
4 Aunque camine por valles oscuros,
ningún mal temeré, porque tú estás conmigo;
tu vara y tu cayado, me sosiegan.
5 Preparas una mesa para mí
frente a mis adversarios;
unges con óleo mi cabeza,
rebosante está mi copa.
6 Tu bondad y tu misericordia me acompañarán
todos los días de mi vida;
y habitaré en la casa del Señor
por días sin término.

Este bello salmo utiliza dos metáforas para referirse al Señor: es presentado como pastor y como anfitrión. Ambas comparaciones son utilizadas también en el Nuevo Testamento.

Los primeros versículos de este bello salmo adquieren pleno significado después de que Jesús afirmara: Yo soy el buen pastor; conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí (Jn 10, 14). Cristo utilizará esta misma comparación para explicar que es el Buen Pastor que “da su vida por las ovejas” manifestando así su gran amor por los hombres. La imagen del pastor se aplica en el Antiguo Testamento al rey y a Dios mismo como protector de su pueblo. La novedad de este salmo está en trasladar al plano personal esta relación: el Señor es mi pastor, al tiempo que expresa con imágenes propias del pastor la relación de Dios con el hombre que busca la santidad y la paz del alma. La seguridad que ofrece el Señor, aun en medio de las mayores tribulaciones, lleva a confiar en El, en su autoridad y firmeza simbolizadas por la “vara y el cayado”.

Recuerda Benedicto XVI en su encíclica "Spe Salvi" (nº 6) como desde los primeros siglos se puede ver esta representación de Cristo como Pastor, con figuras ya existentes en el arte romano, donde el pastor expresaba generalmente el sueño de una vida serena y sencilla, de la cual tenía nostalgia la gente inmersa en la confusión de la ciudad. "Pero ahora la imagen era contemplada en un nuevo escenario que le daba un contenido más profundo: «El Señor es mi pastor, nada me falta... Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo...» (Sal 22,1-4). El verdadero pastor es Aquel que conoce también el camino que pasa por el valle de la muerte; Aquel que incluso por el camino de la última soledad, en el que nadie me puede acompañar, va conmigo guiándome para atravesarlo: Él mismo ha recorrido este camino, ha bajado al reino de la muerte, la ha vencido, y ha vuelto para acompañarnos ahora y darnos la certeza de que, con Él, se encuentra siempre un paso abierto. Saber que existe Aquel que me acompaña incluso en la muerte y que con su «vara y su cayado me sosiega», de modo que «nada temo» (cf. Sal 22,4), era la nueva «esperanza» que brotaba en la vida de los creyentes".

Preparas una mesa para mí, la comparación del banquete que se comparte como signo de amistad es también frecuente en la Sagrada Escritura. Recordemos ese texto conmovedor del ángel de la iglesia de Laodicea: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo (Ap 3, 20).

La imagen de Cristo llamando a la puerta es una de las más enternecedoras de la Biblia. Recuerda al Cantar de los Cantares, donde el esposo exclama: ¿Abreme, hermana mía, amada mía, paloma mía! Que está mi cabeza cubierta de rocío y mis cabellos de escarcha de la noche (Cant 5,2). Es una forma de expresar el afán divino que nos llama a una intimidad mayor, y lo hace de mil formas a lo largo de la vida. Hay que estar a la escucha y abrir las puertas a Cristo.

Un escritor del siglo de Oro español evoca poéticamente esta escena de este modo:

¡Cuántas veces el ángel me decía:
Alma, asómate ahora a la ventana;
Verás con cuanto amor llamar porfía! ¡
Y, cuántas, Hermosura soberana,
“mañana le abriremos” respondía,
para lo mismo responder mañana!
(Lope de Vega, Rimas sacras)

Hay que esforzarse en dirigirse al Señor -dice San Josemaría Escrivá en una de sus homilías-, en agradecer su piedad paterna y concreta con nosotros. Poco a poco el amor de Dios se palpa -aunque no es cosa de sentimientos-, como un zarpazo en el alma. Es Cristo, que nos persigue amorosamente: he aquí que estoy a tu puerta, y llamo (Apoc III, 20). ¿Cómo va tu vida de oración? ¿No sientes a veces, durante el día, deseos de charlar más despacio con El? ¿No le dices: luego te lo contaré, luego conversaré de esto contigo? En los ratos dedicados expresamente a ese coloquio con el Señor, el corazón se explaya, la voluntad se fortalece, la inteligencia -ayudada por la gracia- penetra, de realidades sobrenaturales, las realidades humanas. Como fruto, saldrán siempre propósitos claros, prácticos, de mejorar tu conducta, de tratar finamente con caridad a todos los hombres, de emplearte a fondo -con el afán de los buenos deportistas- en esta lucha cristiana de amor y de paz. La oración se hace continua, como el latir del corazón, como el pulso (Es Cristo que pasa, 8).

4 comentarios:

CRIS dijo...

Hola

He aterrizado en su blog desde el de una amiga...simplemente porque me ha atraído el título.

Supongo que todos vamos hacia aquello que necesitamos.

Yo soy una persona de fe, puede decirse que la vivo intensamente gracias a Dios; sin embargo, hoy escribía un post en mi blog en el que me doy cuenta, de que llevo un tiempo largo relegando la oración a un segundo plano, y esto, soy consciente, hace mella en mi forma de vivir...en mi estado de ánimo.

Me cuesta mucho el combate...lo intento...pero al final...no consigo retomarla con la fuerza de hace un tiempo, y eso, me produce bastante desazón.

Me ha encantado encontrar su página, y el resto de sus blogs, ya conocía Familia en Construcción.

Volveré por aquí para recargar pilas, un placer.

Saludos

lojeda dijo...

Este Salmo es mi preferido, porque pone el manifiesto el gran amor que Dios nos tiene , que cuida de nosotros y nos coloca en sitios preferentes, para que nuestra vida sea de paz y confianza hacia Él y con Él.
Como oveja que se fía de su pastor, debemos dejarnos guiar por Él, aunque nos cueste algunas veces, pero con su ayuda y con mucha oración, la confianza vendrá a nuestros corazones y Él nos recogerá como Padre amoroso.
Felicidades y una saludo.

Anónimo dijo...

En lo personal me gusta ser católica es lo mas preciado que mis padres me han inculcado

Gilberto Garcia dijo...

A mi tambien me encanta este salmo. Creo que es muy bello y amoroso. Los inviten disfruten de el tambien; a ver si asi terminamos de comprender cual grande es el amor de mi pastor y amado senor jesus. Lo amo......