domingo, 12 de octubre de 2008

Dad gracias al Señor, porque es bueno

Salmo 117 (118)


Podemos afirmar que Jesucristo recitó este salmo en la tarde del Jueves Santo, al finalizar la Ultima Cena, tal como estaba previsto en la tradición judía. Se trata de un salmo de acción de gracias que forma parte del ritual de la Cena Pascual, pues pertenece grupo de salmos (112-117) era denominado por lo judíos el Hallell (o canto de alabanza) que eran utilizados en las grandes fiestas para recordar la liberación de la esclavitud y la salida de Egipto. Con los sentimientos que se contienen en él se adentraba nuestro Salvador en la Pasión que culminaría con la triunfante Resurrección.

1 ¡Dad gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterna su misericordia!
2 ¡Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia!
3 ¡Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia!
4 ¡Digan los fieles al Señor:
eterna es su misericordia!
5 En mi angustia grité al Señor,
y me escuchó poniéndome a salvo;
6 El Señor está conmigo, no tengo miedo,
¿qué puede hacerme el hombre?
7 El Señor está conmigo y me auxilia,
y yo desafío a mis adversarios.


Al meditar los primeros versículos del salmo 117 nos sentimos invitados por Jesucristo a cantar con Él el gran amor que el Padre siente por su Hijo, que se ha hecho obediente hasta la muerte con el fin de corresponder a ese amor. Tampoco podemos olvidar que la Resurrección es la expresión más elocuente de cómo el Padre manifiesta la ternura por su Hijo, haciéndole triunfar así sobre sus adversarios.

10 Me rodeaban todos los gentiles:
en el nombre del Señor los rechacé;
11 me rodeaban, me asediaban:
en el nombre del Señor los rechacé;
12 me rodeaban como avispas,
llameaban como fuego de zarzas:
en el nombre del Señor los rechacé;


Las avispas y el fuego son imágenes que evocan la Pasión de Cristo y los sufrimientos de la Iglesia. Los enemigos le rodeaban como avispas –la cohorte enviada por los pontífices y fariseos con linternas, antorchas y armas– y le prendieron en el Huerto de los Olivos. Pero Jesús los rechazó y en cuanto les dijo “Yo soy”, retrocedieron y cayeron (Cfr. Jn 18). Pero los rechazó también –en un sentido más pleno– en la Resurrección de aquel domingo, cuando fueron vencidos sus verdaderos enemigos: el pecado y la muerte.


13 me empujaban para derribarme,
pero el Señor vino en mi ayuda;
14 mi fuerza y mi energía es el Señor,
él ha sido para mí la salvación.
15 Hay clamor de júbilo y de victoria,
en las tiendas de los justos:
16 la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.

17 No, no he de morir, que viviré,
y contaré las hazañas del Señor;
18 me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.


No, no he de morir, que viviré. Efectivamente, así es, Cristo ya no morirá más. Vive según la fuerza de una vida indestructible. No, no he de morir, que viviré. “Es una profecía de la Resurrección -dice San Juan Crisóstomo-, en realidad, es como decir: la muerte ya no será más la muerte. Me castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la muerte. Es Cristo quien da gracias al Padre no sólo por haber sido liberado, sino incluso por haber sufrido la Pasión” (Expositiones in psalmos, 117. PG 55).

19 ¡Abridme las puertas de justicia,
entraré por ellas, daré gracias al Señor!
20 Aquí está la puerta del Señor,
por ella entran los justos.
21 Gracias te doy, porque me has respondido,
y has sido para mí la salvación.
22 La piedra que los constructores desecharon
se ha convertido en piedra angular;
23 es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
24 ¡Este es el día en que actuó el Señor,
sea nuestra alegría y nuestro gozo!
25 ¡Señor, danos la salvación!
¡Señor, danos prosperidad!
.......................................

28 Tú eres mi Dios, yo te doy gracias,
Dios mío, yo te ensalzo.
29 ¡Dad gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterna su misericordia!



Los evangelios recogen un momento en el que Jesús cita expresamente este salmo. Durante los momentos finales de su vida pública se dan situaciones de gran tensión con los sacerdotes y los fariseos. En la acalorada discusión que sigue a la parábola de los viñadores homicidas, tras la expulsión de los mercaderes del Templo, el Maestro cita los versículos 22 y 23 de este salmo para probar que El es el Mesías: “Y Jesús les dijo: ¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon se ha convertido en piedra angular; es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?” (Mt 21, 42).

En la angustia de Getsemaní, Jesús eleva al Padre “oraciones y súplicas con poderoso clamor y lágrimas” (Hb 5,7). El Padre le escucha, está con Él y la auxilia, enviándole un ángel para que le consuele en su agonía (Cfr. Lc 22,43). No sabemos qué le diría el ángel para consolarle en aquellos momentos terribles. Sólo podemos imaginar, pero quizá le habló de los frutos de la redención, quizá le haló de nosotros...

2 comentarios:

Weto dijo...

Estimado amigo:
Yo no me aclaro con esto de los blogs.
Ésta es la primera vez que parece que puedo entrar para saludarte.
Yo soy un simple profesor de instituto que vive en el campo de un modo sencillo y según las enseñanzas de mi queridísimo San Francisco de Asís en lo posible.
Sólo quiero agradecerte tu presencia en el blog de Butterfly que he hecho mío también pero, quiero agradecerte también el blog, porque es delicioso.
Tengo todavía que leerte más pero un hombre que tiene fé (y no sabe por qué. Con un entorno totalmente ajeno a tal fenómeno), no tiene más que agradecer que existan personas casualmente con los mismos gustos e inquietudes.
Le doy gracias a nuestro Señor, porque es bueno y ha creado muchos seres buenos.
Un fuerte abrazo del Weto.

Vicente Huerta dijo...

Gracias por tus palabras, que tanto animan a seguir. Sólo pretendo difundir ideas y sentimientos que puedan ayudar a otros. Comentarios como el tuyo me confirman que este pequeño esfuerzo merece la pena.