
Apareciéndose, el ángel habla no con María, sino con José, y le dice (…): levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Y añade la causa de la huida: porque Herodes –le dice- va a buscar al niño para matarlo (Mt 2, 13.).
Al oír esto, José no se escandalizó, ni dijo: -Esto parece un enigma. Tú mismo me decías hace no mucho que Él salvaría a su pueblo, y ahora no es capaz ni de salvarse a sí mismo, sino que tenemos necesidad de huir, de emprender un viaje y largo desplazamiento. Esto es contrario a tu promesa.
Nada de esto dice, porque José es un varón fiel. Tampoco pregunta por el tiempo de la vuelta a pesar de que el ángel lo había dejado indeterminado, pues había dicho: y quédate allí hasta que yo te diga (Mt 2, 13.). Sin embargo, no por esto se muestra remiso, sino que obedece y cree y soporta todas las pruebas alegremente. Bien es verdad que Dios, amador de los hombres, mezclaba trabajos y dulzuras, estilo que Él sigue con todos los santos. Ni los peligros ni los consuelos nos los da seguidos, sino que de unos y otros va Él entretejiendo la vida de los justos.
Tal hizo con José. Si no, mirad. Vio que la Virgen había concebido y esto le llenó de turbación y angustia suma, pues pudo sospechar que su esposa hubiera cometido un adulterio; pero inmediatamente se presentó el ángel, que le disipó la sospecha y le quitó todo temor. Vio al Niño recién nacido y esto le llenó de alegría; pero bien pronto a esta alegría le sucede un peligro no pequeño: la ciudad se alborota, el rey se enfurece y busca matar al recién nacido. A este alboroto, le sigue pronto otra alegría: la aparición de la estrella y la adoración de los magos. Tras este gozo, otra vez el miedo y el peligro: porque Herodes –le dice el ángel- va a buscar al niño. Y nuevamente el ángel da orden de huir y cambiar de sitio a lo humano, pues no era aún tiempo de hacer maravillas. Si el Señor hubiera comenzado a hacer milagros desde su primera edad, no se le hubiera tenido por hombre. De ahí que tampoco se construye de golpe el templo de su cuerpo, sino que primero viene la concepción, luego la gestación por nueve meses, luego el parto, la crianza…, y el silencio por todo aquel tiempo.
En fin, el Señor esperó a la edad conveniente de varón para que –habiendo puesto estos medios- fuese más fácilmente aceptado el misterio de la encarnación.
1 comentarios:
¿Cómo no iba a ser un ejemplo de VARÓN si tenía a José de padre? ¡Qué hombre más noble! Con todo derecho (legal) podría haber apedreado a María, pero prefiere abandonarla en secreto, hasta que el ángel se le aparece.
Saludos
Publicar un comentario en la entrada